Cada vez que alguien me pregunta qué herramienta usar para su web, lo que está preguntando en realidad es otra cosa: cuánto voy a acabar pagando por esta decisión. Porque el coste de montarla se ve en el presupuesto, y el de vivir con ella no.
Yo trabajo con las tres. Estas son las preguntas que decido antes de recomendar una.
1. ¿Quién va a tocar la web, y cada cuánto?
Es la pregunta que más pesa y la que menos se hace.
Si la web la va a tocar alguien sin perfil técnico todas las semanas —publicar ofertas, cambiar precios, subir fotos—, WordPress o Framer ganan, y no por poco. Montar un gestor de contenidos a medida para eso es caro y no aporta nada.
Si la web la va a tocar dos veces al año, pagar por un gestor de contenidos todos los meses es tirar dinero. Ahí el código sale mejor.
2. ¿Cuánto importa la velocidad?
En una web corporativa que recibe visitas de gente que ya te conoce, el rendimiento importa poco: van a esperar.
En una web que recibe tráfico de búsqueda o de campañas, importa mucho, porque cada segundo de carga se lleva visitas que ya pagaste. Ahí el código a medida tiene una ventaja que las plataformas no pueden igualar del todo: controlas exactamente qué se carga y cuándo.
Dicho eso, una web mal hecha en Next.js puede ser más lenta que una buena en Framer.
La herramienta da el techo; el trabajo decide dónde te quedas.
3. ¿La web tiene que hablar con otras cosas?
Un formulario, una newsletter y unas analíticas los resuelve cualquiera de las tres.
Un catálogo que se sincroniza con tu ERP, un área privada por cliente, una calculadora de presupuestos, contenido que cambia según el idioma y el país... eso en plataforma cerrada se resuelve con parches, plugins o soluciones externas, y cada parche es una pieza que puede romperse en la próxima actualización. En código, es simplemente lo que se programa.
4. ¿Cuánto tiempo va a vivir esta web?
Una campaña de tres meses y una web que va a ser tu cara durante cinco años no merecen la misma decisión. Para la primera, lo rápido gana siempre. Para la segunda, cuenta el coste acumulado: licencias, plugins de pago, el gestor de contenidos, el rediseño que tocará cuando la plantilla se quede antigua.
Lo que recomiendo, en la práctica
WordPress cuando hay mucho contenido que gestiona gente no técnica, cuando ya lo usan y les funciona, o cuando necesitan un ecosistema concreto (una tienda sencilla, membresías, un plugin del sector). Su punto débil no es la herramienta, es el mantenimiento: WordPress desatendido es un problema de seguridad esperando su turno, y ese coste hay que presupuestarlo desde el principio.
Framer cuando el proyecto es sobre todo diseño, hay prisa y va a cambiar a menudo. Es muy bueno en eso. El precio es la atadura: lo que montas ahí se queda ahí.
Código, con Next.js, cuando la web tiene que hacer algo más que enseñar información, cuando el rendimiento o el SEO son parte del negocio, cuando hay varios idiomas de verdad, o cuando quieres que la web sea un activo tuyo y no una suscripción.
Es lo que más cuesta al principio y menos a los dos años.
Lo que nunca decido por la herramienta
Que el dominio y el hosting estén a nombre del cliente. Que haya documentación. Que se pueda migrar. Eso es independiente de la tecnología, y es lo que de verdad decide si la web es tuya.
Si no tienes claro cuál te toca, cuéntame tu caso en cuatro líneas: quién la va a tocar, cada cuánto, con qué tiene que hablar y cuánto quieres que dure. Con eso sale la recomendación, aunque sea que no me necesitas.
